Rompe el ciclo
El arte y ciencia de reinventarte
En ediciones anteriores, exploramos cómo la motivación o el esfuerzo a veces no son suficientes para lograr cambios significativos en nuestra vida. La mayoría de cambios perdurables implican dejar de ser la versión actual de nosotros mismos. Vamos a repasar algunos puntos y profundizar en cómo nuestros pensamientos, emociones y comportamientos están intrínsecamente conectados.
El estado del ser que perpetúa el problema: pensamiento-emoción-comportamiento
Los pensamientos generan emociones, las emociones refuerzan esos pensamientos y juntos influyen en nuestros comportamientos. Esto crea patrones que terminan definiendo nuestro estado de ser.
Para aterrizarlo mejor, pensemos en un clásico: una persona que desea mejorar su salud, pero no logra los cambios necesarios.
¿Qué podría estar torpedeando sus buenas intenciones?
1. Patrones de pensamiento arraigados: tiene creencias y pensamientos subconscientes que lo mantienen en su estado actual. Por ejemplo, creencias del tipo: ‘siempre he sido así’ o ’es muy difícil cambiar”. Estas creencias son como un palo en la rueda: evitan cualquier avance.
2. Emociones condicionadas: estos pensamientos suelen ir acompañados de emociones como frustración o ansiedad, reforzando el ciclo negativo.
3. Hábitos: Joe Dispenza explica que el cuerpo, adicto a ciertas emociones, tiende a buscar sensaciones familiares incluso si estas no son beneficiosas.
4. Desconexión entre intención y acción: aunque pueda existir una intención genuina de cambiar, sin transformar las emociones y pensamientos subyacentes, los viejos hábitos prevalecen.
5. Falta de coherencia cerebro-corazón: Dispenza enfatiza la importancia de alinear pensamientos (cerebro) y emociones (corazón). Sin esta coherencia, el esfuerzo por cambiar es menos efectivo. Quédate con esta idea para más adelante: cambiar no es solo un ejercicio mental; necesitas sentirlo.
Y después de todo esto, la gran cuestión:
¿Por qué es tan difícil cambiar?
La respuesta está en la Ley de Hebb:
‘Las neuronas que disparan juntas, se conectan juntas’.
¿Qué significa esto? Que cada vez que repites un pensamiento o acción, refuerzas un sendero neuronal que se vuelve la ruta preferida de tu cerebro, siempre ahorrador de energía. Es como un bosque donde, a fuerza de pasar, dejas un camino cada vez más claro y transitado.
¿Y los responsables de esta eficiencia casi cruel? Los ganglios basales. Estos núcleos subcorticales son los encargados de convertir la repetición en hábito. Son realmente útiles para automatizar conductas, permitiendo que el cerebro libere recursos para tareas más complejas.
Hasta aquí, todo bien. El problema es que esta misma automatización puede convertirnos en prisioneros de patrones que ya no nos sirven, repitiendo sin cuestionar, atrapados en caminos a ninguna parte.
Al ser estructuras subcorticales, es decir, filogenéticamente muy antiguas, son bastante tercos, haciendo que desaprender o modificar hábitos sea un proceso complicado y a menudo frustrante.
¿Hay solución?
Una de las ideas centrales de Dispenza es que, gracias a la neuroplasticidad, podemos cambiar estos patrones. Podemos reprogramar estas rutas y construir otras nuevas. Cambiar implica algo sencillo de decir, pero complicado de hacer: repetir intencionalmente pensamientos, emociones y acciones diferentes.
Es como abrir un sendero en un bosque con maleza densa. Al principio es agotador, pero con cada paso lo haces más transitable.
El cambio no es cómodo. Es necesario esfuerzo, persistencia y, sobre todo, intención. Pero cada día es una nueva oportunidad para redefinir tu mapa neuronal.
Tu bosque, tus senderos, tu decisión.
¿Por cuál empezarás hoy?
‘Al cambiar las actitudes internas de la mente, los seres humanos pueden transformar los aspectos externos de sus vidas’.
William James
Lo dejamos aquí por hoy.
Nos leemos en unos días.
Ainhoa
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Muy interesante